DIORAMAS

Metro ofrece a sus pasajeros -y al público en general- una interesante alternativa para revivir la historia de Chile. Se trata de los dioramas, una técnica que mezcla el arte de la maqueta, la pintura y el tallado policromado, para dar vida a una escena del pasado.

A través de este arte, el tren subterráneo ha inmortalizado la biografía de nuestro país en distintas estaciones, retratando distintos episodios de su historia. Las  fundaciones de Santiago y de la Universidad de Chile se recrean en la estación homónima, al igual que el Estrecho de Magallanes y la Pérgola de las Flores. También hay representaciones de la construcción del Puente Cal y Canto,  del paso de Diego de Almagro por Los Andes, así como del primer ferrocarril que iba de Caldera a Copiapó y del terminal de tranvías que alguna vez hubo en Tobalaba con Providencia, entre otras.

Estas obras son creaciones del artista Rodolfo Gutiérrez,  único exponente de esta  técnica en Chile y autor  de los dioramas del museo Casa Colorada y de la Galería de la Historia de Concepción.

CONOZCA LOS DIORAMAS

"Inauguración del ferrocarril a Barrancas"

Estación San Pablo, Línea 1.

En una ceremonia presidida por Alfredo Léon, el primer alcalde, además de los vecinos más ilustres de la zona, el 19 de setiembre de l913 se inaugura el ferrocarril de Yungay a Barrancas.

Esta línea contaba con dos pequeñas locomotoras que medían menos de la mitad de un vagón de tren. Sin embargo, el  pito de cada una de ellas era de tal sonoridad, que competían con las más grandes maquinas de la  época. 

Cuatro estaciones comprendían su tramo: Mapocho, El Resbalón, El Arenal  y Barrancas.

La escena que exhibe este diorama muestra  la llegada del tren a la estación terminal tras su viaje de inicio, y el entusiasta recibimiento que le brindan los vecinos del lugar.

"La Fiesta de Cuasimodo"

Estación Pudahuel, Línea 5.

Celebrada desde el siglo 19, la Fiesta de Cuasimodo, también conocida como “Correr a Cristo”, se desarrolla el primer domingo siguiente a Semana Santa cuando el sacerdote lleva la eucaristía a la casa o lecho de los enfermos.

En sus inicios, un grupo de huasos a caballo acompañaban el coche del párroco para defenderlo de posibles asaltos, costumbre que se mantuvo en el tiempo y se transformó en la tradición que conocemos.

Ataviados con llamativos pañuelos de seda en reemplazo del sombrero -por respeto al cuerpo de Cristo-, también los jinetes lucen sobre sus hombros esclavinas amarillas o blancas con vistosas incrustaciones.

Como genuina expresión de religiosidad, esta colorida fiesta es asimismo un testimonio vivo de la tradición chilena de campo, de su folclore y creencias.

El Cuasimodo es uno de los festejos más significativos del Valle Central, principalmente de las zonas urbanas que rodean a Santiago. De éstas, la que se celebra en Barrancas, que data de 1875, es la festividad religiosa más importante y popular de Pudahuel.

En este diorama, ambientado en 1930, se observa a los cuasimodistas regresando de su recorrido de fe y alegría por la calle San Pablo al poniente.

La casa de ladrillo hecha en volumen, es la entrada a la mansión de Alfredo Riesco, situada a la derecha donde actualmente se ubica la Municipalidad de Pudahuel. Al fondo se ve la capilla Santa Corina, aún existente en el lugar.

"Hernando de Magallanes"

Estación Hernando de Magallanes, Línea 1.

Tras 18 complicados meses que tardó en armar su expedición, finalmente el 20 de septiembre de 1519, el navegante portugués Hernando de Magallanes zarpa desde Sevilla con cinco carabelas y sólo 250 marineros.

Fue una azarosa travesía por el Atlántico. Sumado a los mares calmos por falta de vientos y un duro invierno en las frías costas de la Patagonia argentina, Magallanes también se vio enfrentado a racionamientos de víveres, motines, ejecuciones y el naufragio de una de sus naves, La Santiago. Pese a ello pudo sobreponerse y el 21 de octubre de 1520 descubre el paso que hoy es conocido con el nombre de Estrecho de Magallanes. Sin embargo, mientras lo cruzaba sufrió la deserción de la mayor de sus naves, La San Antonio, que decidió regresar a España.

Este diorama muestra a Magallanes en su nave La Trinidad y a las dos restantes de la expedición, La Victoria y La Concepción, cruzando las frías aguas del Estrecho.

Luego de recorrer los 450 kilómetros del canal llegaron a un océano vasto y calmo que el navegante portugués bautizó justamente como Pacífico. Continuó navegando más de 10 mil kilómetros y después de hacer escala en algunas islas llega a Filipinas.

Pero enfrentado en combate con los nativos de la isla Mactán, Hernando de Magallanes muere el 27 de abril de de 1521. Sebastián de Elcano toma el mando de la expedición, y terminó dando la vuelta al mundo en La Victoria, la única nave que quedaba. Con sólo 18 marineros regresa a Sevilla en julio de 1522.

"Terminal de los carros de sangre"

Estación Príncipe de Gales, Línea 4.

Por lo anecdótico y generador de simpatías, muchos escritores han rememorado el paso de los llamados “carros de sangre”. Como aquel que hacía su recorrido por el Llano Subercaseaux, lugar donde los pasajeros compraban empanadas y luego incluso terminaban bailando cueca en los tugurios del sector. También se cuenta que estos carritos paraban cuando les daba la gana; todo dependía de si el que subía le caía en gracia o no al conductor, caso en que, o no le paraba para llevarlo o bien lo dejaba en la puerta de su casa.

Fueron bautizados con esa denominación porque en sus inicios los carros o tranvías fueron tirados por caballos. Durante la época del Santiago colonial y buena parte del siglo XIX se convirtieron en el medio de transporte por excelencia.

A principios del siglo XX, se produce en la ciudad una verdadera explosión de líneas de transporte que permiten unir distintos extremos de la capital y relacionarla por consiguiente con las parcelas y campos aledaños.

En 1875 se inician los trabajos de instalación de la línea 3 de Ñuñoa. Empezaba su recorrido en la Estación Central, continuaba por las calles Alameda, Vicuña Mackenna, Irarrázaval y Av. Ossa, llegando hasta el Canal San Carlos donde se encontraba su estación de término. Los festivos tenía gran movimiento debido a las numerosas quintas de recreo situadas al final de Av. Ossa, además del gran número de personas que se dirigían a fundos y haciendas del sector o a las termas de Apoquindo, al pie de los cerros y al final de la actual Avenida Colón. Los viajeros hacían combinación con coches, carretas y caballos que esperaban en el terminal del ferrocarril urbano para llevarlos a dichos lugares.

Este diorama muestra en primer plano a un carro de sangre de dos pisos llegando a la terminal. Ahí se encontraba con la tornamesa, instrumento que servía para dar vuelta el carro, cambiar caballos y reiniciar el trayecto hacia el centro de la comuna. Mientras, al otro lado de la calle, varios coches, carretas y caballos esperan a los pasajeros que prosiguen su viaje. En 1902, los carros de sangre de la línea 3 son desplazados por el tranvía eléctrico.

"Diorama Abrazo de Maipú"

Estación Plaza de Maipú, Línea 5.

El 5 de abril de 1818, los ejércitos patriotas, comandados por San Martín, se enfrentaron con los realistas en los Llanos del Maipo. Esta fue la batalla decisiva de la Independencia de Chile.

O`Higgins, que convalecía en Santiago por causa de una herida en un brazo, se inquietó con los resultados del combate y armó un contingente de mil milicianos que llegó a Maipú justo cuando el enfrentamiento terminaba. Al encontrarse con San Martín tuvo lugar el abrazo entre los dos generales, celebrando con ello el triunfo de los ejércitos chileno y argentino.

Este diorama está basado en la pintura de Fray Pedro Subercaseaux, realizada en 1909. En el cuadro original aparece la bandera de la transición, no obstante y como ya en esa época existía el emblema actual, es que hoy se ha reemplazado por éste último para evitar confusiones históricas.

“Fundación de la Universidad de Chile”

Estación Universidad de Chile, Línea 1

Andrés Bello (Caracas 1781 – Santiago 1865) Venezolano por nacimiento y chileno por gracia y adopción.

Llegó a nuestro país en 1829 contratado por el Gobierno.

Realizó una prolífica labor pública como senador y en el Ministerio de Relaciones Exteriores, contribuyó a la redacción de la “Constitución de 1833”, y redactó el “Código Civil” que sirvió de modelo a otros pueblos americanos.

Sin embargo su obra más importante se desarrollo en el plano de la educación.

Fue el primer Rector de la Universidad de Chile, cargo que ocupó hasta su muerte, y publicó la “Gramática Castellana”.

Educó a través de la palabra, el libro y la prensa, y fue el, maestro indiscutido de toda una generación de intelectuales chilenos y guía de la opinión pública de su época.

“La Universidad, Señores, no sería digna de ocupar un lugar entre nuestras instituciones sociales, si el cultivo de la ciencia y de las letras pudiese mirarse como peligroso bajo un punto de vista moral o político... Debe condicionar el avance económico de las so ciedades y elevar el nivel moral del hombre” ANDRÉS BELLO, discurso de inauguración de la Universidad de Chile, 17 de septiembre de 1843.

“Las claves se verificaban en sus bibliotecas a fin de tener a mano los textos de consulta.

Bellos en vez de dictar sus lecciones, planteaba una cuestión o tema y discurría sobre él conjuntamente con sus alumnos.

Su gramática de la lengua castellana y todos sus textos de enseñanza surgieron de estas discusiones.” “Su enseñanza rebasó la Cátedra, el diario y el libro, para extenderse también al trato familiar y la conversación”.

“HISTORIA DE CHILE” Francisco Antonio Encina.

“Estrecho de Magallanes”

Estación Universidad de Chile, Línea 1

Charles Darwin en Devonport, Inglaterra, el 27 de diciembre de 1831, se hace a la mar el “Beagle”, un pequeño bergatín destinado por el Almirantazgo Británico para las expediciones científicas, al mando del Capitán Fitz-Roy, cuya misión tenía por objeto finalizar el estudio de las costas de la Patagonia y Tierra del Fuego, levantar los planos del litoral chileno y peruano, los de algunas islas del Pacífico y hacer una serie de observaciones cronométricas alrededor del mundo.

En este viaje, a solicitud de Fitz-Roy, lo acompaña un naturalista; el joven e inexperto Charles Darwin.

De vuelta a Inglaterra, después de una larga travesía que dura casi 5 años, basado en sus múltiples experiencias y observaciones, y coordinando los resultados obtenidos durante su viaje, Charles Darwin escribe numerosos libros que lo colocan en el rango de los primeros pensadores científicos de su tiempo.

En 1859 publica su gran obra, El Origen de las Especies.

Darwin es el primero que intentó interpretar, basándose en innumerables experiencias, el mecanismo y el plan de la evolución.

La travesía por las costas americanas, la zona austral chilena y algunas islas del Pacífico, impactó de tal manera a Charles Darwin, que el mismo afirmaría que el viaje del “Beagle” fue el suceso más importante de su vida, y el que determinó su carrera.

En el diorama, vemos en el centro a Charles Darwin junto al capitán Fitz-Roy, contemplando el panorama del canal Beagle, que perpetuó el nombre de la pequeña nave.

Más abajo, el dibujante de la expedición, Conrad Martens, capta en imágenes el paisaje de la zona.

“Pérgola de las Flores en Alameda”

Estación Universidad de Chile, Línea 1

La construcción más antigua de Santiago.

Hoto de su principal avenida, símbolo de la ciudad, guarda en su interior la imagen de nuestra Señora del Socorro, traída a Chile por Pedro de Valdivia.

Su construcción data de 1586 la que continúa por muchos años y sufre diversas transformaciones hasta nuestros días.

El terremoto del 13 de mayo de 1647 derriba la torre y el coro, y se reconstruye en 1698.

En 1857 el arquitecto chileno Fermín Vivaceta levanta la torre actual.

Entre 1859 y 1860 se levanta la portada principal, la que vemos en este diorama, y que fue demolida en 1970, para dejar a la vista al antigua, de piedra.

Los siglos han dejado su huella en distintas etapas: el aporte hispánico con la maciza fuerza colonial de las paredes de la iglesia, el artesanado de la nave y el claustro de pilares toscanos de fuste corto y fuerte, sobre los que se apoyan arcos ornamentales de influencia manierista, y el siglo XIX con su principal obra neoclásica, la torre, silueta familiar al Santiago de hoy.

La pérgola de las flores ocupó por muchos años el centro de la Alameda, entre Estado y San Antonio, casi frente a la iglesia de San Francisco.

En este lugar se producía una angostura que dificultaba el tránsito de la principal arteria de Santiago.

Estos hechos inspiraron al compositor y creador Francisco Flores del campo en su genial obra musical “La Pérgola de las Flores”.

Finalmente, la pérgola fue trasladada a su actual ubicación en Av. La Paz con Santa María.

Entre San Antonio y Mac Iver se encontraba el jardín Inglés.

Este pequeño parque, al igual que la pérgola de las flores, fue demolido debido a la angostura que se producía en la Alameda.

“Fundación de Santiago”

Estación Universidad de Chile, Línea 1

Reconocidos los aledaños, Valdivia escogió el lugar privilegiado en que se asienta Santiago, siguiendo las instrucciones de la metrópoli, y el 12 de febrero de 1541 decretó la fundación de la ciudad.

La planta original tenía la forma de un trapezoide que limitaba por el oriente con el cerro Huelén, por el norte con el Mapocho, por el poniente con la chacra de Diego García de Cáceres (aproximadamente la actual Av. Brasil) y por el sur con la cañada de San Lázaro, actual Alameda Bernardo O’Higgins.

El alarife Pedro de Gamboa procedió a trazar las calles que pronto recibieron, entre los nombres de los vecinos más notables, otros muy pintorescos, como de los Trapitos, de los afanes, de las Animas...” (Historia de Chile, Francisco Antonio Encina) en el frente del diorama, Pedro de valdivia inspeccionaba las obras y conversa con el alarife Gamboa en lo que es hoy la Plaza de Armas.

El trazado que se ve hacia la cordillera, corresponde a la actual calle Merced, y el primer cruce, a la calle Estado.

Al fondo se ve la cordillera, a la izquierda el cerro San Cristóbal y el río Mapocho y a la derecha el cerro Santa Lucía, que originalmente era sólo un roquerío, el que fue forestado y transformado por benjamín Vicuña Mackenna entre 1872 y 1875, durante su período como Intendente de Santiago.

“Construcción de Puente Cal y Canto”

Estación Cal y Canto, Línea 2

Gobernaba el mariscal de campo Don Antonio de Guill y Gonzapa.

Desempeñándose como Corregidor y Justicia Mayor de Santiago, Don Luis Manuel de Zañartu Iriarte. Según acta del Cabildo de Santiago de 20 de marzo de 1764, se comenzó a “juntar materiales para la fábrica de la obra del puente del río”.

El 5 de junio de 1767, Zañartu presentó al Cabildo el plano del puente, diseñado por el ingeniero Don José Antonio Birt.

Los trabajos se iniciaron a mediados de octubre de 1767.

El 20 de junio de 1779 se entregó el puente para el tráfico de peatones y gente a caballo.

La obra se concluyó definitivamente, el 11 de febrero de 1782.

En tiempos de Ambrosio O’Higgins, en 1791, las rampas del puente fueron arregladas con ripio, se levantaron unas casetas con apariencia de torrecillas, destinadas al expendio comercial; se instalaron escaños de piedra, se alzaron los muros que servían de balcones y se edificó en la rampa norte una casa para la guardia permanente, a fin de evitar asaltos y contrabando.

La destrucción del puente de Cal y Canto se debió básicamente al disponer, en pleno invierno, el socavado del emplantillado del puente, compuesto de sólidas piedras.

Se habían dejado, así, sin defensa los machones que sostenían los arcos del extremo norte.

El diluvio del 10 de agosto de 1888 produjo la crecida del Mapocho, que irrumpió con una fuerza inusitada sobre el debilitado viaducto, que se hundió en las cenagosas aguas del río.

“Piedras Tacitas”

Estación Cerro Blanco, Línea 2

Hacia 1480, el pueblo Aconcagua estaba bajo el dominio del inca Topa Inca Yupanqui, quien había expandido su imperio desde Quito hasta el valle del Mapocho.

Los dos curakas o jefes locales, Michimalongo (de la parte superior del valle) y Tanjalongo (de su mitad inferior), estaban a su vez bajo la autoridad de Quilacanta, curaka cuzqueño.

A pesar de ello, el pueblo Aconcagua sigió utilizando sus trajes tradicionles y celebrando el ritual anual en el Cerro Blanco (llamado entonces con otro nombre, hoy desconocido).

En cada cerro hay una dacha o espíritu protector, a la cual se pide por abundancia de agua, buenas cosechas, salud y bienestar para todo el pueblo.

En el vale del Mapocho, el cerro El Plomo es la dacha principal puesto que da origen al río y, en su cumbre, se ha realizado la mayor ofrenda: el sacrificio de un niño noble del Titicaca.

En la mencionada fiesta anual del Cerro Blanco, los chamanes o encargados del ritual le cantan a la huaca, principalmente por el río Mapocho y el valle de Huechuraba.

La celebración dura todo el día e incluye música y baile, con flautas de piedra semejantes a las que utilizan hasta hoy los “bailes chinos” del valle de Aconcagua.

La gente del lugar, reunida con otras venidas de comunidades vecinas, prepara comida en las piedras tacita.

Una y otra vez, el sonido de las flautas llena la inmensidad del valle.

José Pérez de Arce Museo Chileno de Arte Precolombino En el diorama, el pueblo Aconcagua celebra su fiesta anual en el cerro Blanco con sus flautas de piedra.

A la derecha, las mujeres muelen granos de la piedra tacita existente al pie del cerro.

A la izquierda se ve el cerro San Cristóbal y al fondo el valle de Santiago, donde se distingue el río Mapocho y el cerro Santa Lucía.

Las piedras que se aprecian fueron extraídas por Metro de Santiago desde las excavaciones realizadas durante los trabajos de extensión de la Línea 2 al Norte.

“La Copiapó, El Primer Ferrocarril”

Estación Baquedano, Línea 1 (Boletería)

A fines de la mitad del siglo pasado, la región de Copiapó experimenta un fuerte auge económico derivado de la explotación de minerales de plata, principalmente proporcionados por las minas de Chañarcillo y Tres Puntas.

Por tal motivo, la modernización del transporte y de las comunicaciones adquiere real necesidad e importancia, y en 1849, Guillermo Wheelwright, un norteamericano de espíritu pionero, conocido en el norte como empresario marítimo, junto con un grupo de ricos mineros de Copiapó, organiza la sociedad que daría vida al ferrocarril de Caldera a Copiapó.

El 20 de noviembre de 1849, el Presidente de la República, Don Manuel Bulnes, firma la ley que concede el permiso para la construcción de la vía ferroviaria.

La obra es encargada a Wheelwright, la que se realiza en menos de dos años, y el tendido de la línea es inaugurado el 25 de diciembre de 1851.

La “Copiapó”, una locomotora de 20 toneladas, con varios carros de pasajeros, recorre los 81 kilómetros del trayecto.

“El Santiaguillo”

Estación Baquedano, Línea 1

Diego de Almagro, al iniciar su expedición a Chile en 1535, en previsión del gran desgaste que esta sufrida, despacha desde Perú tres pequeños barcos con implementos, vituallas y mercaderías, cuya misión era recorrer la costa y tomar contacto con la expedición de tierra.

La columna de Almagro marcha a través de las tierras del alto Perú, hoy Bolivia, y de las provincias del norte de Argentina.

En los últimos días de marzo de 1536 cruza penosamente la cordillera por el paso de San Francisco.

Llega al valle de Copiapó, y tras un breve descanso, continua hacia el sur hasta llegar al valle de Aconcagua, donde instala su campamento.

Almagro envía a uno de sus capitanes, Don Juan de Saavedra con un grupo de hombres a recorrer la costa y tomar contacto con las naves.

Desde la zona de Con-Con Saavedra avanza hacia el sur hasta una rada que los aborígenes llamaban Quintil, ubicada en lo que es hoy el sector de la plaza Echaurren, donde divisa a una de las naves que según el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo se llamaba “Santiago” y que la historiografía del siglo XIX ha popularizado con el nombre de “Santiaguillo” posiblemente debido a sus reducidas dimensiones, 18 metros de eslora y 5 de manga.

Venía con un casco en muy mal estado por lo que hubo de ser reparado de urgencia, y fue el único de los tres barcos que logró hacer contacto e incorporarse a la expedición con sus oportunos abastecimientos.

Juan Saavedra bautiza el lugar con el nombre de Valparaíso.

“Paso de los Andes”

Estación Salvador, Línea 1

Diego de Almagro, cruza la cordillera de Los Andes en 1536.

Diego de Almagro parte de Cuzco en julio de 1535, bordea la orilla occidental del lago Titicaca, y cruza lo que es hoy Bolivia y el norte de Argentina.

En los últimos días de marzo de 1536, se interna en la cordillera, por el paso de San Francisco, ubicado a la altura de Copiapó.

“La travesía de la Cordillera por Almagro es uno de los episodios más impresionantes de la Historia.

Llegaban a ella los expedicionarios exhaustos, casi sin víveres y sin ropa.

El paso era un sendero de guijarros agudos e hirientes a 4.000 mts.

de altura, azotado por un viento que corta la piel y que en las noches hiela el cuerpo dentro de las vestiduras.

Como corolario fatal estaba la puna.

Los desgraciados indios, sólo protegidos por tejidos tenues, sin una yerba con que mitigar el hambre ni un triste palo con que hacer fuego, lloraban como niños, maldiciendo el malhadado momento en que se embarcaron en una empresa que, entrañaba la muerte segura.

Sus cadáveres pronto jalonaron la ruta.

Una macabra comitiva de cóndores hacía presa de los moribundos, apenas caían, clavándoles picos y garras en las carnes aún palpitantes.

La expedición parecía perdida sin remedio, ya no les alcanzaban las fuerzas para llegar hasta el valle de Copiapó.

Una noche a 4.500 mts. de altura, perecieron de frío 70 caballos; Jerónimo de Costilla, al sacarse las botas, se arrancó los dedos de los pies, que habían formado con ellas una masa helada.

Y una vez más, el coraje y la presencia de ánimo de Almagro salvaron la situación.

Se levantó con veinte audaces, y después de tres días dos de ellos sin comer descendió, al fin, por la quebrada de Paipote, a la que ya era para ellos tierra de promisión.

Con gran celeridad reunió víveres, gracias a los cuales pudo reanimar a sus compañeros.

En total habían llegado a Copiapó 240 españoles, unos 1.500 indios, 150 negros y 112 caballos.

Murieron en la expedición 8 españoles, 170 caballos y un elevado número de indios y de negros, imposible de precisar”.

Francisco Antonio Encina “Historia de Chile”

“Terminal línea 3 Ñuñoa del Ferrocarril Urbano”

Estación Príncipe de Gales, Línea 4

El ferrocarril urbano consistía en carros metálicos que se desplazaban por rieles tirados por caballos y eran conocidos como “carros de sangre” En 1875 se inician los trabajos de instalación de la línea 3.

Empezaba su recorrido en la Estación Central, continuaba por las calles Alameda, Vicuña Mackenna, Irarrázaval y Av. Ossa, llegando hasta el canal San Carlos donde se encontraba su estación de término.

Los días festivos esta línea tenía gran movimiento debido a las numerosas quintas de recreo situadas al final de Av. Ossa, además del gran número de personas que se dirigían a fundos y haciendas del sector o a las termas de Apoquindo, al pie de los cerros al final la actual Av. Colón.

Estas personas hacían combinación con coches, carretas y caballos que esperaban en el terminal del ferrocarril urbano para llevarlos a tan apartados lugares.

En el diorama, en primer plano, un carro de sangre de dos pisos llegando al terminal, al otro lado de la calle varios coches carretas y caballos esperan a los pasajeros que siguen su viaje.

En 1902 los carros de sangre de la línea 3 son desplazados por el tranvía eléctrico.

“Puerto de Palos 1492”

Estación Colón, Línea 4

Cristóbal Colón prepara sus naves en Puerto de Palos para emprender el viaje en busca de las Indias.

En el centro del diorama Colón supervisa el enrolamiento de marineros, lo acompañan los hermanos Pinzón, expertos navegantes y capitanes de las carabelas Pinta y Niña que se ven en la pintura del fondo.

En el muelle un gran número de hombres cargan las vituallas necesarias para el largo viaje en la nao Santa María.

La pequeña flota parte el 3 de agosto hacia las islas Canarias y desde ahí zarpan nuevamente el 6 de septiembre arribando a las costas de América el 12 de octubre de 1492.

“Estación de Ferrocarriles de Puente Alto 1928”

Estación Plaza de Puente Alto,  Línea 4

La estación de ferrocarriles de Puente Alto se ubicaba al costado norte de la plaza Manuel Rodríguez, entre las calles Concha y Toro y Balmaceda, registraba gran movimiento ya que en ella convergían el ferrocarril Llanos del Maipo que comunicaba con Santiago y el Ferrocarril Militar que se extendía hasta la localidad de El Volcán a 60 kilómetros.

El ferrocarril Llanos del Maipo llega a Puente Alto en 1894.

En Santiago su recorrido comenzaba en Estación Pirque ubicada al costado sur de Plaza Italia y puso fin a sus servicios en 1962.

El tren militar se inaugura en 1900 y extiende sus líneas a través de los años hasta llegar a el Volcán en 1917.

Su recorrido cruzaba el centro de Puente Alto por calle Balmaceda entre la Municipalidad y la Plaza, hasta el Regimiento de Ingenieros Militares para luego internarse en el Cajón del Maipo.

“Terminal de tranvías eléctricos Tobalaba con Providencia”

Estación Tobalaba, Línea 4.

Los tranvías eléctricos comenzaron a circular en Santiago el año 1900 y, para 1930 eran el principal medio de transporte de la ciudad.

Las líneas que subían por Providencia hasta Tobalaba eran la número 27 Los Leones y la número 25 Quinta Normal que terminaban su recorrido a pocos metros de cruzar el canal San Carlos.

Un gran número de personas que venían de sectores rurales de Apoquindo y sus alrededores dejaban sus coches y caballos en corrales habilitados para ello a orillas del canal y continuaban su viaje hasta el centro en tranvía.

Este servicio duró hasta 1947 cuando fueron remplazados por los modernos trolebuses.

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