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Los murales de Inti y el Mono

Sólo una semana bastó para renovar el barrio Bellas Artes. El barrio, que se caracteriza por el color de sus calles, muchas veces pasa inadvertido ante el frenesí y vértigo que impone la ciudad. Sin embargo, durante los días del Festival Urbano Barrio Arte, ni el más despistado pasó por alto las intervenciones de los cinco exponentes del muralismo latinoamericano invitados a participar.

El primer impacto fueron dos grúas eléctricas y una capa de pintura blanca que taparon los tradicionales equecos del muralista Inti y sorprendieron a los pasajeros de la estación Bellas Artes del Metro. Después, entre el 9 y el 13 de abril, las brochas y materiales se tomaron las paredes de Mosqueto y Merced, y los equipos se desplegaron en Coronel Santiago Bueras y en Villavicencio, al interior del estacionamiento del GAM. Artistas de Perú, Uruguay y Chile trabajaron en cinco nuevos murales para Santiago (Ver fotos).

De trayectoria y honor

El festival puso en valor la trayectoria de los artistas intervinientes. Y aquí la historia detrás de los murales de Bellas Artes toma particular relevancia. Inti Castro y Alejandro “Mono” González fueron los encargados de plasmar el diseño que hoy reluce en Monjitas. Sin embargo, complicaciones de salud del Mono llevaron a que su hijo Sebastián y el artista Matías Noguera, el “Matu”, plasmaran en las paredes las ideas iniciales. “Me siento gratificado de que me haya escogido a mí para pintar con su hijo. Es un voto de confianza. Yo conocí al Mono hace bastante tiempo, cuando pintó el mural de Parque Bustamante. Ahí yo entré a esto de los murales”, comenta.

Con el diseño proyectado en los edificios, el trabajo se concentró día y noche en pintar el mural conjunto. “Es un homenaje al barroco latinoamericano. Es una imagen que se construye a partir de vegetación y de personajes que aparecen entre los árboles”, señala el Matu.

La democratización del arte

Desde 2013 estaban los murales anteriores de Inti y ya eran parte del paisaje, por eso, muchos se extrañaron cuando vieron que se estaban borrando. Es la esencia misma del muralismo que lleva a los artistas a renovar su propia obra, porque el muralismo es efímero. Los pasajeros de la Línea 5 que subían o bajaban de la estación lo comentaban: no es necesario ingresar a un museo o pagar para entrar a una galería para disfrutar del arte y trayectoria de estos artistas.

“La esencia antropológica del ser humano tiene que ver con manifestarse en los espacios que son colectivos”, comenta el Matu.

En el contexto del festival se pintaron 744, 5 m² de murales. Un legado que el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Contemporáneo, el Centro Cultural Gabriela Mistral y el Museo de Artes Visuales dejan en la ciudad y donde Metro nuevamente forma parte.